Yo soy el aventurero…

Son 4 palabras de una canción que escuchÉ muchas veces en mi país de origen. ser aventurero muchas veces lo relacionamos con ser atrevidos, realizar acciones impresionantemente arriesgadas y llenas de una adrenalina interminable…o simplemente atrevernos hacer cosas que no nos imaginamos poder hacer.
En el fondo no creo que exista una sola persona que no se diga “yo soy el aventurero”… si cerramos los ojos y le damos un poco a la memoria, seguro nos daremos cuenta que desde muy pequeños deseamos esa aventura al dar esos primero pasitos sin ayuda de mamá o papá…donde no entendíamos que nos decían, pero a su vez, nos hacía  gracia su frase: “anda bebé ven para acá” y acto seguido, una vez conseguido, nuestros padres gritaban de emoción, celebraban entre carcajadas y nos daban un gran abrazo…al menos me imagino que así fue el mío…aunque pensándolo bien creo que fue el simple hecho de nacer y salir expulsada del vientre de mi madre y decir con un gran llanto Hellow World this is me!
Y después de esa primer aventura, llegaron un montón más, hasta que llegado el día no las consideraba del todo aventuras. Para mí, la primer gran aventura de mi vida fue tomar un avión cruzar el charco sola y ponerle la cara a un montón de aventuras al mismo tiempo, tener que dormir en un aeropuerto, ir siguiendo letreritos de una sola palabra para tomar un bus que me trajera a mi, hoy hogar. convivir con una sola persona 24 hrs durante una serie de días, etc., etc. Pero sin duda la más importante era darme cuenta si podía tomar el reto algún día de romper con lo que construí por años, y a su vez tomar la nueva aventura que tentativamente la vida me comenzaba a mostrar, sin ni siquiera aún darme cuenta.
Recuerdo perfecto que no creía en regresar, y por tanto, bien dicen hay que hacer todo como si no lo volvieras hacer, así que subí y baje, simplemente me bebí la ciudad, acepte que un ser de la naturaleza arrojara una viscosidad verde sobre mi chamarra, caminé hacia la cima de un castillo bajo el txirimiri tan peculiar de esta tierra. Recuerdo que al día siguiente escondida tras capas de ropa que me calentaran del frio, me fui a caminar por La Concha, el paisaje hermoso pero con problemas técnicos tuve que irme quitando cada una mis capitas hasta llegar al peine cargando mi tianguis de ropa…y así me tocaron vivir los únicos 4 días de aquel diciembre donde el Sol hizo su aparición por estos lares.
Hoy tengo presente esos días como si ocurrieran cada vez que despierto y miro por la ventana, dibujo una sonrisa y me rio conmigo misma, al descubrir que a partir de aquel entonces concebiría cada día de mi vida una aventura, que decidí que así fuera al subirme de nuevo a un avión y regresar y esta vez por tiempo indefinido, y que decidiría que mis aventuras comienzan al ponerme mis tenis o las botas de lluvia, al tomar una chamarra, un paraguas, o mis lentes de sol, y que cada paso que de, aunque es por el mismo lugar cada día es distinto, porque descubro que mi aventura en el fondo, es una nueva anécdota que contar, descubrir un punto blanco donde ayer solo veía dos puntos azules y de pilón conocer algo viejo que para mí es nuevo.
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